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martes, 23 de abril de 2013

Introducción a "Educar con Inteligencia Emocional" de Mª Trinidad Luque


Los pasados días 16, 17 y 18 de Abril se ha celebrado en nuestro Centro, organizado por el AMPA "Monte Horquera", un taller de Inteligencia Emocional.
Mª Trinidad Luque nos manda la siguiente colaboración en nuestro blog, donde nos transmite sus impresiones sobre el mismo.
Muchas gracias Mª Trinidad por tu colaboración:
Con intención de hacer llegar a aquellas personas que, por cualquier razón, no pudieron asistir a este taller, voy a intentar trasladaros, con todo mi interés en ello, cuanto aprendimos y que, en mi modesta opinión, tanto ha gustado a los asistentes.
El campo de la “Inteligencia Emocional” es muy amplio, reciente y, está lleno de utilidad en numerosos ámbitos de nuestra vida. En este caso concreto, está enfocado a que, padres y madres, eduquemos a nuestros hijos e hijas con “inteligencia emocional”, gestionando nuestras emociones de forma inteligente en dicha tarea ardua y compleja.
Para cumplir con el objetivo de trasladaros cuanto hemos vivido estos días, voy a redactar tres partes, referidas cada una de ellas, a cada una de las sesiones desarrolladas. Trataré, simplemente, de trasladar la información-formación recibida, porque lo demás, es decir, las sensaciones, las emociones, las impresiones y los efectos causados en la mayor parte de los asistentes, se quedan en nuestro interior. Creo que la experiencia ha sido muy satisfactoria, provechosa y beneficiosa. Hemos compartido inquietudes, diferencias, risas, alguna que otra lágrima,…, en definitiva, hemos compartido nuestras emociones. Y, sobre todo, nos hemos quedado con ganas de más, como se suele decir, nos hemos quedado con la miel en los labios. Por todo ello y, a sabiendas que, emociones tenemos todos y todas, mas la mayoría, no las utilizamos adecuadamente, no sabemos expresarlas en su medida, o tal vez, simplemente, no sabemos casi nunca, qué es lo que estamos sintiendo a cada momento, quiero acercaros una pequeña muestra de ello.
Sentir, nunca dejamos de sentir, lo que ocurre es que no nos detenemos a analizar nuestras emociones, y mucho menos, reflexionamos sobre ello, como tampoco las gestionamos de manera correcta. Las prisas, el estrés, la sociedad en que vivimos, todo un cúmulo de factores internos y externos, nos llevan en la mayoría de las ocasiones, a no controlar aquello que sentimos. Y no es tanto el control sobre ellas, sino la gestión de las mismas lo que debemos aprender, y que, nadie nos enseña. Pues de esto se trata; la inteligencia emocional, no es controlar, es gestionar todo cuanto sentimos y expresarlo con inteligencia, de tal forma que seamos sinceros y honestos con nosotros mismos, haciéndolo con libertad, sin perturbar a nadie, con la finalidad de que logremos el equilibrio emocional necesario para nuestra felicidad. Somos nosotros, los padres y madres, los últimos responsables de la educación de nuestros hijos e hijas. Es por ello que, deberíamos tener las herramientas necesarias para dotarlos de las habilidades oportunas para que manejen también sus emociones correctamente, con el objetivo mismo de que, ellos también consigan su felicidad. Felicidad que, también incluye sus emociones, sus inquietudes, sus intereses, etc. La felicidad de nuestros hijos e hijas, no consiste en permitírselo todo, como tampoco consiste en ser extremadamente autoritarios, ni mucho menos, actuar con indiferencia. Hay que encontrar un equilibrio justo y adecuado para todos. Y, nada de esto, se podrá lograr si no asumimos una regla de oro en este campo: “la sinceridad y honestidad con uno mismo”.
Como introducción, creo que os puede servir. Ahora, os dejo unas cuantas preguntas para que reflexionéis, antes de la primera parte del taller:
¿Sabes lo que significa “sinceridad”?, ¿y “honestidad”?. ¿Tienen tus emociones algo que ver en ello?.
¿Te dejas llevar por lo que sientes?, ¿y en la relación con tu hijo o hija?. En su educación, ¿tienes un objetivo claro y definido o, por el contrario, actúas según el momento?.
Para acompañar esta primera reflexión, os voy a dejar la frase que la persona que ha impartido el taller tenía en su pantalla de inicio de su ordenador, y dice así:

Obra como si el fracaso fuera imposible y tendrás el éxito asegurado. Borra todo pensamiento de que no lograrás tus objetivos, sean materiales o espirituales. Sé valiente y no pongas límites a tu imaginación. No seas un prisionero de tu pasado. Conviértete en el arquitecto de tu vida”.
Robin Sharma.



 

  

Realizado por: Mari Trini Luque Priego

En el siguiente enlace tenéis el dossier que se repartió a los asitentes al taller.
Balcón del Coach

jueves, 31 de enero de 2013

COLABORACIÓN: "Propuesta de mejora desde la personalidad humana".Mª Trinidad Luque Priego

La madre de nuestro Centro, Mª Trinidad Luque Priego, me envía la siguiente colaboración para nuestro blog que, a continuación, transcribo íntegramente. Gracias por tu colaboración.

PROPUESTA DE MEJORA DESDE LA PERSONALIDAD HUMANA


En la persona, en toda persona, cabe destacar diversas notas que, indudablemente, tienen su proyección pedagógica como rasgos fundamentales de su educación. Desde este punto de vista, las más relevantes son: su singularidad, su autonomía, su apertura, y el ser unitaria.

1.     La persona es singular.
Uno de los rasgos específicos de la persona es su singularidad. Cada persona es única, irrepetible, irreemplazable, con unas características propias que le diferencian de los demás. Los intereses, actitudes, capacidades, potencialidades, necesidades, situaciones y circunstancias de vida, son únicas en cada persona y, diferentes de las demás. Es por ello que, la persona, cada persona, tiene su propia realidad. La singularidad tiene su manifestación más clara en la creatividad y en la originalidad.
Por esta dimensión única, creativa, inabarcable, fuente de posibilidades, abierta a la indeterminación de la persona, destacan unas consecuencias interesantes: la persona es constitutivamente inaccesible; la persona está siempre inacabada y abierta a múltiples posibilidades; la imposibilidad de reducir a la persona a número, cosa o estadística y, la persona no es susceptible de cuantificación o de medida comparativa, puesto que ninguna persona es más o menos que otra.

2.     La persona es autónoma.
Otra dimensión de la persona humana es la autonomía, lo cual significa que la persona posee la capacidad de dirigirse a sí misma, de crearse a sí misma, de posibilitar su protagonismo, de asumir un compromiso personal tras una reflexión sobre sí mismo y el mundo que le rodea. A partir de la reflexión y de la realidad que la circunda, la persona puede decidirse y forjar su proyecto de vida en una situación. De ahí que la autonomía humana es excepcionalmente importante en la educación personal.

3.     La persona es apertura.
Por naturaleza, la persona es un ser abierto a los demás, a la realidad y al mundo que le rodea. La persona proyecta, crea, decide, se abre a la realidad, mira al futuro, porque está dotada de inteligencia y libertad. La persona no es un ser desolado, encerrado en sí mismo, sino que necesita abrirse, y se realiza mejor cuanto más sale de sí, cuanto más transciende su propio ser. Así pues, el origen de la educación puede explicarse, precisamente, por esa cualidad de la persona, por su deseo profundo de transcenderse, de salir de sí para conocer la verdad y conformarse con ella, en sentido formativo y activo. Y, esta apertura, se realiza en una triple perspectiva: en relación al hombre y a las cosas (Heidegger decía que el hombre es un “ser en el mundo”); en relación a los otros (Heidegger decía que el hombre es un “ser con” los demás) y, en relación al absoluto, al ser trascendental. Por tanto, desde esta triple perspectiva, la apertura a los demás supone comunión y comunicación, siendo ésta su experiencia básica. En consecuencia, existir es existir con los demás; no sólo se vive, se convive. El individuo pasa a ser persona cuando supera la dialéctica del yo (egoísmo, aislamiento) y se convierte en “nosotros”.

4.     La persona es unitaria.
La persona humana, se nos ofrece, por un lado, como una realidad múltiple, compleja, polifacética, con una capacidad de reflexión, de afectividad, de libertad, de relación con los demás…; y, al mismo tiempo, unitaria en la multiplicidad de elementos, capacidades, funciones, actividades o comportamientos. La persona es una unidad integral, dinámica, de la que aquellos aspectos, capacidades o funciones sólo pueden considerarse teóricamente separados a partir de la unidad en la que alcanzan sentido y plena significación. A la unidad de la persona como totalidad integrada, es a quien corresponde toda esa variedad y multiplicidad de funciones, y la que da sentido de continuidad, estabilidad y diferenciación a esas funciones. Toda la persona es la que percibe, siente, vive, padece, comprende, ama, se proyecta, espera o anhela. La propia experiencia personal nos advierte de esa unidad integrada, peculiar y compleja, diferenciada y no compuesta de partes en conflicto o aisladas.

Considerando pues, todos estos rasgos específicos y característicos de toda persona humana: singularidad, autonomía, apertura y unidad, y reflexionando activa y positivamente sobre ello, toda persona, por su naturaleza humana necesita de los demás para existir y es parte esencial en la existencia de los demás. Por nuestra naturaleza, nos necesitamos unos a otros, necesitamos unos de otros, co-existimos, evolucionamos juntos; nuestra existencia individual está enmarcada en la co-existencia, en la comunión y la comunicación, en la cooperación. Cada persona es única e irrepetible, y no comparable con los otros. Nos unen las semejanzas en intereses, capacidades, objetivos, funciones…, y también nos unen, por naturaleza, nuestras diferencias y, es en éstas en las que deberíamos centrarnos, ya que son ellas las que nos aportan nuestra singularidad como seres humanos y las que nos engrandecen como personas racionales dotadas de sentimientos y afectividad.
Cuando nos equivocamos, de todos es sabido que, es de sabios pero, indudablemente, lo es más reconocer nuestros errores y enmendarlos, precisamente porque somos personas humanas. Es por ello, que con todas estas líneas, quiero trasladar una reflexión pausada, meditada y tranquila: como persona que soy me he equivocado, aunque no lo he hecho en solitario, es más, estoy convencida de que el error ha sido colectivo. Sin embargo, los desaciertos de la colectividad son individuales cuando existen las diferencias que nos caracterizan como personas, y por tanto, cada cual debe dirigir, decidir y tomar sus propias decisiones, sin que ello resulte en agravio comparativo: ninguna persona es más o menos que otra persona por su manera de obrar, ni mejor ni peor, puesto que la autonomía de la persona es la que nos hace tomar diferentes senderos.
Con todo esto, para aquellos que lean esto, podréis imaginar a qué desatino me estoy refiriendo, y por ello, me gustaría invitaros a una profunda reflexión, teniendo en cuenta los rasgos de la persona especificados, y asumiendo que, además de padres y madres, formamos parte de un todo que no se puede separar ni fragmentar: la comunidad educativa. Y, no podemos considerarnos de forma aislada, porque todos los que somos parte integrante de aquélla, tenemos y compartimos un objetivo común: la educación de nuestros niños y niñas. Y, en ese objetivo tan ambicioso, difícil y complejo, el mayor grado de responsabilidad corresponde a la familia. Es por ello, que no podemos ni debemos entrar en una batalla que no es tal, más bien todo lo contrario; se trata de aunar esfuerzos con el profesorado, con el objetivo último bien claro, caminando juntos, y donde todos y todas educamos con nuestras palabras, con nuestros actos, con nuestro ejemplo. Demos entonces, un paso al frente por esa educación de nuestros hijos e hijas, en la que reitero que somos la parte más importante. Sumémonos a ese todo que es la comunidad educativa, a los profesores y profesoras que nos tienden su mano, que afortunadamente, siguen recorriendo el mismo camino, aunque cada vez más empinado, con más obstáculos. No seamos nosotros, entonces, un obstáculo más en ese camino que también es el nuestro. Por nuestro beneficio personal, reconocer los errores nos hace crecer como personas; por el beneficio del profesorado, reconocer sus innumerables méritos nos dignifica como personas; por el beneficio de nuestros niños y niñas, dar ejemplo con nuestros actos les ofrece los valores que necesitan para que se hagan personas de provecho. Seamos todos más humanos, seamos todos más y mejores personas.  
                                                     Mª TRINIDAD LUQUE PRIEGO